Carta Abierta a la comunidad de alumnos y profesores de Ilustración Científica

Quiero comentar con ustedes un tema bastante delicado, que surgió a partir de una nota en facebook de la artista botánica y bloggera Katherine Tyrrel a propósito de una persona que copió los contenidos de un conocido curso de Ilustración Botánica en el extranjero y los empezó a vender como suyos. Es importante que reflexionemos al respecto.

Sabemos que en nuestro país la Ilustración Científica es una disciplina joven, pues recién en los últimos 8 años -y menos- se ha hecho más masiva y hay muchas personas interesadas en conocer, aprender y apreciar esta forma de arte y ciencia que tanto valoramos. En el resto del mundo, en particular en el Hemisferio Norte, la Ilustración Científica contemporánea y sobre todo la I. Botánica tienen un gran desarrollo, habiendo muchas universidades, jardines botánicos y otros tipos de escuelas que enseñan esta profesión en un contexto institucional. También existen muchos profesores que enseñan de manera independiente, en sus talleres y en otras instancias informales pero no menos serias.

En Chile, la situación es similar pero a una escala mucho más pequeña, siendo contadas con los dedos de las manos las oportunidades para aprender estas disciplinas. En este sentido, pienso que es muy importante que aquellas personas que desean aprender ilustración científica o naturalista de cualquier área -sea botánica, zoológica, ornitológica, marina, etc.- se informen bien al momento de seleccionar los talleres y/o cursos a los que quieren asistir, sean estos formales o informales. Es fundamental que a la hora de seleccionar un taller o curso por el que se va a pagar una suma de dinero, pensemos en aspectos como:

1- La formación del profesor o profesora: verificar que el o la instructora del curso o taller tenga la experiencia, cuerpo de trabajo y credenciales académicas necesarias para la realización del curso que está ofreciendo. Será distinto lo que podemos esperar de un taller impartido por una persona con mucha experiencia y formación, que por otra que está recién iniciándose en este camino y quizás no cuenta aún con todas las herramientas técnicas, teóricas y didácticas que se requieren para lograr un curso de calidad estándar o superior.

2- El nombre del taller corresponde a los contenidos que se imparten: un taller donde se ilustran plantas no es lo mismo que un taller de ilustración botánica. En esto, quiero enfatizar bien: no todo dibujo realista de una planta o animal es ilustración científica. Un taller o curso orientado a lo científico debe dar cuenta de las herramientas, procesos y estándares que se usan en la i. científica contemporánea. Si no es así, no puede tener el nombre de científico, botánico, etc. Para aclarar qué es ilustración científica, pueden dirigirse a nuestra página web www.ilustradoresnaturalistasdechile.com y a mi blog www.minaturalismo.com donde hemos desarrollado estos conceptos en profundidad.

3- El precio del taller debe tener relación con: a) las credenciales del profesor o profesora, b) si es institucional o informal, c) la infraestructura y materiales que entrega, d) la calidad de las metodologías didácticas desarrolladas por el profesor o profesora, e) la duración del taller o curso y el volumen de contenidos que entrega.

4- La intención del estudiante: es un taller para pasar un buen rato, aprender algo nuevo y relajarse o es una inversión en su futuro profesional y desarrollo personal.

Ahora, desde el punto de vista del instructor y en atención a lo que comentaba al inicio de esta nota:

Los profesores tenemos el deber ético de entregar contenidos y vender cursos y talleres de manera responsable y profesional. Para lograr un nivel razonable en la enseñanza de una disciplina tan compleja como la ilustración científica debemos pasar por varios años de estudio, desarrollando nuestro trabajo personal y aprendiendo de otros profesores y maestros en Chile y en muchos casos en el extranjero, lo que implica una gran inversión económica, en tiempo y sacrificios personales. Los materiales didácticos que desarrollamos para nuestros alumnos son también parte de un proceso de creación personal, donde destilamos nuestros aprendizajes desde otros instructores, nuestras investigaciones, la bibliografía y la experiencia que se va acumulando, dando forma a un material propio, que también está protegido por las leyes de propiedad intelectual. Entonces llamamos a la comunidad interesada en la ilustración científica, en cualquiera de sus ramas, a tomar en cuenta todos estos aspectos a la hora de tomar un curso o taller y también al momento de querer enseñar este oficio.

Una de nuestras misiones como agrupación es la de resguardar, fomentar y educar sobre las buenas prácticas y la ética profesional tanto en la creación de ilustraciones científicas y naturalistas como en su enseñanza. Solo de esta manera lograremos que nuestro oficio crezca y sea respetado en el medio cultural -artístico y científico- y trascienda las modas que tanto pueden perjudicarnos.

Sigamos aprendiendo y enseñando juntos.

Geraldine Mackinnon.

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